16 de octubre de 2010

Una huella

Este es el discurso que hice para Lenguaje, para efectos del Blog le quité ciertos elementos discursivos:

Trascendencia, "aquello que está más allá de los límites naturales y desligado de ellos", así lo define la Real Academia Española de la Lengua. Sin embargo, ¿cómo puede algo estar más allá de lo natural sin haber pertenecido a ello antes? Esta es la interrogante que me ha surgido y que quiero transmitirles, enmarcándolo en la trascendencia del hombre.

Un dibujo pintado con los dedos en una prehistórica caverna o un complicado plano de una máquina para volar ideada por Da Vinci. Ya sean estos o muchos los casos diferentes, cada uno de los que ha realizado algo que consideramos grandes inventos para su época, han marcado indeleblemente la Historia de la hombre. Sin querer haberlo hecho, o tal vez sí, gran parte de aquellos que fueron avezados en desarrollar sus ideas y no temieron en mostrárselas al público, trascendieron en la humanidad, es decir, dejaron huella.

Somos herederos de una sociedad rica en tecnologías que están a nuestro servicio y que sin ellas sería un poco más complicado vivir. Es esto mismo, el hecho de tener gran parte de lo que queremos y necesitamos al alcance de nuestras manos, lo que ha ido corroyendo y mermando nuestro despertar intelectual; el hecho de que otros ya lo hayan pensado antes y lo hicieran para nuestro servicio, es lo que nos ha estancado en una sociedad idiotizada por el último cachivache tecnológico que nos permita sentirnos mejor que aquel que no lo tiene. Si bien estos servicios han mejorado nuestra calidad de vida enormemente, el daño que producen socialmente a corto o largo plazo, según sea el caso, es realmente nefasto.

Tenemos tecnologías que nos entregan un buen vivir, tenemos familia, amigos, quizá pareja, quienes, sin duda alguna, nos entregan un bienestar emocional grato e irreemplazable, pero, a pesar de todo esto, hay algo que socialmente nos está afectando cada día más y es la falta de razonamiento servible, la ausencia de necesidades comunes y la incapacidad de integrarnos con el resto de nuestra variada sociedad. Esto es, nada más y nada menos, la ausencia de vitalidad social, como la llamo yo, que es la falta de motivaciones reales que nos lleven a hacer algo útil tanto para nosotros mismos como para el resto de las personas, algo que se pueda proyectar en el tiempo, algo por lo que dejemos nuestra huella.

Los recuerdos sociales que tenemos son sólo de los últimos adelantos tecnológicos o de catástrofes naturales o culturales. No está en nuestro subconsciente el espíritu de alguien innovador. No tenemos conocimiento de alguien que haya sido capaz de realizar algo que marque a la Humanidad. Puede que esto se deba a la herencia antes mencionada, a aquello que recibimos preparado y que detiene nuestro crecimiento intelectual, como también puede estar causado por la indiferencia y egoísmo que se han apoderado de la sociedad actual, que no le permite a cada persona ver más allá de sus propios intereses y, probablemente, de los intereses de sus cercanos. Basta con encender el televisor para ver la avalancha tecnológica y delictiva para darnos cuenta que unos poco con una mente un poco más brillante o simplemente más 'avivados' (respectivamente) se ganan la vida a costa nuestra.

Nos hemos estado sumiendo en un mundo que nos retrae intelectualmente, una sociedad poco pensante que se deja llevar por la masa. Nos reflejamos en ideales ajenos a nuestra realidad, luchamos por causas heredadas que ya no son del todo válidas. Aún conscientes de esto no hemos sido capaces de renovar esos ideales ni tampoco de pensar en nuevos esquemas que sean viables para la sociedad en la que nos encontramos. Así como tampoco hemos sido capaces de realizar acciones que beneficien a nuestro entorno o a nuestra vida: no hemos sido capaces de dejar nuestra huella.

Sintetizando lo anterior. La trascendencia es aquello que está más allá de lo natural y que, sin embargo, surge de ello. A lo largo de la historia hubo hombres que sin quererlo trascendieron en la Humanidad, dejaron su huella. Gracias a todos esos hombres es que hemos recibido una herencia social y tecnológica que nos ofrece gran parte de lo que necesitamos, y por ello la sociedad en la que estamos no ha necesitado desarrollar su intelecto para ser capaz de trascender con algo realmente importante, para ser capaz de dejar huella. En la actualidad estamos idiotizados por el egoísmo y por unos pocos seres levemente más pensantes que se nutren económicamente de nuestra ausencia intelectiva, la que nos ha mantenido retenidos en antiguos preceptos que han perdido su validez y no ha habido alguien que los renueve o que proponga nuevos ideales, que deje su huella.

Simplemente quiero hacer el llamado a que analicen sus vidas, a que se den cuenta de qué es lo que quieren para ustedes, para la sociedad en la que están y para su descendencia. Dense cuenta de la necesidad que tenemos de renacer como sociedad, de plantear nuevas concepciones vitales, de generar ideas que los hagan trascender: dejen su huella en la Tierra.

2 de mayo de 2010

Amistad: Encuentro De Egos

Todos y cada uno de nosotros tiene la tendencia a crear enlaces emocionales y físicos (presencia) con otras personas. Todos nosotros alguna vez sentimos la necesidad de compartir nuestros sentimientos y sucesos con alguien más. En algún momento sentimos que hace falta otra persona para que nuestra vida tenga algún sentido. Así es como nos acercamos a otro ser con el que nos sentimos a gusto y se crean fuertes lazos de confianza y amor, los que cada vez se van fortaleciendo con distintos actos conjuntos. Y de la misma forma como se hacen más fuertes estos lazos, es como también pueden llegar a destruirse fácilmente. Este es el punto...

El formar estos lazos quiere decir, además, que la mantención de estos tiene que ser constante, y para ello tienen que suceder cosas que sean importantes para ambas personas que lo comparten, esto quiere decir que cada cosa que hagamos tiene que influirnos e importarnos tanto como a la otra persona, ya que ésta comparte, en gran medida, la forma de ser de uno. Entonces, cada unión con la otra persona está delimitada por una constante que se llama "egoísmo", que ha de entenderse como la excesiva preocupación por uno mismo desentendiéndose de los demás, y aquí ese desentendimiento por el resto será tanto consciente como inconsciente.

Desde esta perspectiva, es como cada uno de nuestros actos y pensamiento surgen de un deseo intrínseco de autosatisfacción que nos acompaña siempre y es irrevocablemente propio de cada individuo. Por lo tanto, en cada cosa que hacemos estamos satisfaciendo un deseo de hacer esa cosa, y hacer esa cosa, aunque sea en beneficio de otra persona, ayudándola de cualquier forma o escuchándola, siempre cumplirá con la función de satisfacer el deseo de haber ayudado a esa persona. Así es como actúa el egoísmo inconsciente y, a veces, esto es consciente también.

Aquí es donde caemos en el enfrentamiento o encuentro de egos que surge con la amistad, donde compartimos parte del ego del otro (y viceversa) y nuestro inconsciente desea que lo que haga esa otra persona sea provechoso para sí mismo, dejando de lado el resto aunque conscientemente no pensemos de ese modo. Siendo así, la amistad se entendería como la forma en que ocupamos a otra persona a modo de satisfacción del deseo inconsciente que tenemos de mantener satisfecho nuestro ego.

Ahora bien, también existe ese egoísmo consciente y que es el más dañino para el ego inconsciente, ya que el primero es el que lleva a que la persona se dé cuenta de que lo que tiene que hacer ella y los demás, en su totalidad, ha de ser para el beneficio propio, lo que, al truncar el deseo inconsciente de autosatisfacción de otro, aleja a ese otro de la primera persona, anulando ese lazo que lo unía como amigo y también insatisfaciendo ese deseo inconsciente del egoísta consciente, lo que provoca un quiebre que puede ser clave en esa amistad, lo que dejaría descontento al ego inconsciente al no haberse sentido satisfecho e hiriendo, consecutivamente, la autoestima.

En resumen, la amistad sería un acto de egoísmo inconsciente, que se funda en la necesidad básica del humano de autosatisfacerse y que siempre existirá en el ego de cada uno, y que se expresará en el deseo de hacer todo lo que uno hace por satisfacer el querer hacerlo. Por esto es que el lazo de unión entre dos personas se limita al egoísmo inconsciente, que nos hace no-ver a la otra persona como un medio para autosatisfacernos. Junto con esto está el egoísmo consciente, que es una forma en la que hacemos daño a nuestro egoísmo inconsciente al afectar el egoísmo de los otros y alejarlo de nosotros y así negando la autosatisfacción del ego. Por lo tanto, la amistad no es más que una proyección del egoísmo humano y si no cumple esa función, no es amistad.